El 29 de junio de 2026, el sello Ulyssa publicó «My Skyscraper», un álbum doble de ochenta y tres minutos firmado por Nirosta Steel, el alias de Steven Hall. Hasta ese momento, Hall era poco más que una nota a pie de página en la historia de la música experimental neoyorquina: un nombre que aparecía en los créditos de algunas canciones de Arthur Russell y en las de un grupo tributo. Semanas después, Internet lo trata como el gran descubrimiento del año. El disco, sin embargo, no contiene ni una sola canción nueva escrita para la ocasión: es una recopilación de grabaciones inéditas o revisadas durante cuarenta años, de principios de los ochenta a 2025.
La historia de «My Skyscraper» interesa tanto por la música como por lo que revela sobre cómo funciona hoy el prestigio musical. Que un cantautor de sesenta y nueve años que apenas había publicado nada pase, de la noche a la mañana, a ocupar las listas de lo mejor del año no es un golpe de suerte, sino el producto de una maquinaria concreta: la revalorización póstuma de Arthur Russell, el papel de una nueva generación de artistas como prescriptores y el relato romántico del tesoro oculto. Para entender el fenómeno hay que empezar por el hombre.
Steven Hall, el hombre detrás de Nirosta Steel.
Nacido en Escocia en 1957, en un pueblo a las afueras de Glasgow, Hall se mudó a Estados Unidos a los quince años y pronto gravitó hacia el Nueva York que soñaba desde niño. Estudió poesía con Allen Ginsberg, arquitectura en Columbia y budismo en la universidad de Naropa, y acabó viviendo en el legendario Poets’ Building del East Village, el mismo edificio que habitaban Ginsberg, el poeta Larry Fagin y el músico Arthur Russell. Fue Ginsberg quien lo presentó a Russell, y de ese encuentro salió una amistad y una sociedad creativa que duró hasta la muerte de Russell en 1992.
Hall cantó en temas disco de su amigo como «Is It All Over My Face?» y, tras su fallecimiento, formó Arthur’s Landing, un grupo dedicado a revisar su repertorio. Entre medias, llevó una vida trotamundos (Hong Kong, Taiwán, Tailandia, China) que dejó huella en su música, con canciones grabadas en mandarín y tailandés y una fascinación por la música tradicional asiática. Publicó apenas un puñado de discos casi secretos, como «Cool Fire» (grabado en directo en 1999 en una librería de Taipéi), y montó su propio sello, Buddhist Army.
El 29 de junio de 2026, el sello Ulyssa publicó «My Skyscraper», un álbum doble de ochenta y tres minutos firmado por Nirosta Steel, el alias de Steven Hall. Hasta ese momento, Hall era poco más que una nota a pie de página en la historia de la música experimental neoyorquina: un nombre que aparecía en los créditos de algunas canciones de Arthur Russell y en las de un grupo tributo. Semanas después, Internet lo trata como el gran descubrimiento del año. El disco, sin embargo, no contiene ni una sola canción nueva escrita para la ocasión: es una recopilación de grabaciones inéditas o revisadas durante cuarenta años, de principios de los ochenta a 2025.
ResponderEliminarLa historia de «My Skyscraper» interesa tanto por la música como por lo que revela sobre cómo funciona hoy el prestigio musical. Que un cantautor de sesenta y nueve años que apenas había publicado nada pase, de la noche a la mañana, a ocupar las listas de lo mejor del año no es un golpe de suerte, sino el producto de una maquinaria concreta: la revalorización póstuma de Arthur Russell, el papel de una nueva generación de artistas como prescriptores y el relato romántico del tesoro oculto. Para entender el fenómeno hay que empezar por el hombre.
Steven Hall, el hombre detrás de Nirosta Steel.
Nacido en Escocia en 1957, en un pueblo a las afueras de Glasgow, Hall se mudó a Estados Unidos a los quince años y pronto gravitó hacia el Nueva York que soñaba desde niño. Estudió poesía con Allen Ginsberg, arquitectura en Columbia y budismo en la universidad de Naropa, y acabó viviendo en el legendario Poets’ Building del East Village, el mismo edificio que habitaban Ginsberg, el poeta Larry Fagin y el músico Arthur Russell. Fue Ginsberg quien lo presentó a Russell, y de ese encuentro salió una amistad y una sociedad creativa que duró hasta la muerte de Russell en 1992.
Hall cantó en temas disco de su amigo como «Is It All Over My Face?» y, tras su fallecimiento, formó Arthur’s Landing, un grupo dedicado a revisar su repertorio. Entre medias, llevó una vida trotamundos (Hong Kong, Taiwán, Tailandia, China) que dejó huella en su música, con canciones grabadas en mandarín y tailandés y una fascinación por la música tradicional asiática. Publicó apenas un puñado de discos casi secretos, como «Cool Fire» (grabado en directo en 1999 en una librería de Taipéi), y montó su propio sello, Buddhist Army.
You go for the night
ResponderEliminarWith your headphones on
You love to be loved
Go for it all
The kids on the hill
With their bikes
You on the ground
With your kite
If I go for you
Go for you
Would it be
Good enough for two
If I go for you
You love to be loved
Go for it it all
If I go for you
If I go for you
If I go for you
If I go for you
Go for you
Good enough for two